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Puestos de comida ambulante plantearon las dificultades que sortearon para hacer frente a la pandemia y la crisis. Tras recorrer parrillas al paso norte recogió testimonios.La precariedad del trabajo informal, que acarreaba las contingencias del período 2018/19, sufrió un notable empeoramiento tras las medidas del decreto, que estableció el aislamiento social y significó la pérdida de empleo de miles de trabajadores formales e informales.

A pesar de la crisis laboral, social, económica que significó la pandemia, vendedores de comida callejera hoy se encuentran optimistas y con ánimo renovado. Sin embargo, hay incertidumbre porque todo pueda dar marcha atrás en cuestiones sanitarias y se vean perjudicados otra vez.

Un trabajo bajo presión

El acoso por parte de las autoridades municipales sobre los vendedores de la calle no hace más que alargar la brecha de la desigualdad social.

Es imprescindible lograr consenso y, a través del diálogo, incluir las necesidades de trabajadores de la calle en la agenda local. La lucha por el derecho a trabajar debe permanecer firme.

El pedido de este sector de vendedores es que el municipio contemple sus escasos ingresos para facilitar una habilitación que les permita lograr el sustento para sus familias.