El Ministerio de Salud y la empresa china negocian la letra chica de un contrato que al principio permitirá suplir una mínima parte de las vacunas rusas que debían llegar en febrero a Buenos Aires. Los detalles de la tecnología que utiliza y qué dicen los expertos de la llegada de esta fórmula al paísEs un secreto de Estado que podría revelarse en las próximas horas: Alberto Fernández está a un paso de lograr un acuerdo con Xi Jinping por la provisión de 30 millones de dosis de la vacuna china contra el COVID-19. Es una noticia formidable para la Casa Rosada que esta semana descartó un acuerdo comercial con la empresa farmacéutica Pfizer y aguardó sin resultado que el Kremlin confirmara cuándo aterrizarán en Ezeiza las 20 millones de vacunas Sputnik V que prometió el Fondo Ruso de Inversión Directa.
Alberto Fernández ya logró que Xi bajara el precio de cada vacuna (30 dólares por unidad) y que haya una entrega urgente de un millón de dosis en febrero (dos dosis, una vacuna). Pero Sinopharm exige a Balcarce 50 que se abone cada uno de los cargamentos antes de su salida desde Beijing.
Hasta que Ginés González García no destrabe esa cláusula contractual, las vacunas chinas no llegarán a Ezeiza. Y eso podría ocurrir en las próximas horas, si el CEO de Sinopharm no agrega otro condicionante al acuerdo comercial que se negocia contra reloj entre el Ministerio de Salud y la principal compañía farmacéutica del régimen comunista.
Consultado por Infobae, el biólogo y doctor en ciencias Federico Prada explicó que “la tecnología aplicada en esta vacuna consiste en la utilización de virus inactivado obtenido de pacientes de Wuhan, que fue aislado en células Vero en cultivo”. “Esa amplificación fue inactivada y utilizada para realizar clarificada, es decir como si estuviera purificado el virus y usada para la inmunización”, agregó el director de la licenciatura Bioinformática y la licenciatura en Biotecnología de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).
“Son virus que crecen en células Vero que pertenecen a un linaje celular utilizado en cultivos celulares (el linaje Vero fue aislado a partir de las células epiteliales del riñón de un mono verde africano). Y luego de tener una cierta carga viral, la vacuna se inactiva a través de métodos químicos y luego se prepara para su aplicación. Esta plataforma ya se probó con éxito en la vacuna de la hepatitis A y la de la polio, por ejemplo”, indicó en diálogo con este medio el infectólogo y asesor del gobierno nacional Eduardo López (M.N. 37.586).
Para el presidente de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI), Omar Sued (M.N. 91.262), “es la forma más tradicional de hacer vacunas históricas. Limita un poco la producción de vacunas a nivel mundial por el método, y además tiene la ventaja de que la conservación de esta vacuna es mucho más fácil porque es de 2 a 8 grados”.
“Para nuestro país es una muy buena noticia que Sinopharm esté en tratativas con el gobierno para la provisión de vacunas. Esto es posible gracias a que Argentina está participando de esta investigación, si no sería muchísimo más difícil. La estrategia a la que se apostó desde septiembre”, enfatizó Sued, “en la cual estamos intentando hablar con todos los productores de vacunas del mundo para intentar conseguir la mayor cantidad posible, porque obviamente, para vacunar a un 70 u 80% de nuestra población, necesitamos 30 o 40 millones de vacunas”, finalizó López.
Y completó: “La llegada a la Argentina de varias vacunas como la de Sinopharm evidencian que aquí existen excelentes investigadores y una historia probada de investigación clínica que tiene mucho tiempo y no es algo de ahora. Estos antecedentes en profesionales, en biotecnología, en agencias regulatorias como la ANMAT, nos posiciona muy bien para tener armas efectivas como estas vacunas ante la amenaza mundial del virus”.
