La fabricación en el interior de la provincia se convirtió durante la pandemia en una salida laboral para centenares de familias. La informalidad rige el empleo.Las manos embarradas, el sol pegando con toda su fuerza sobre las cabezas y espaldas que se inclinan para amasar, cortar, dejar secar y cocinar. Es el trabajo de los ladrilleros. Los hacedores de una materia prima que es esencial para la industria de la construcción, una noble pero menospreciada labor.
n Presidencia Roque Sáenz Peña existen unas 200 ladrillerías que producen un promedio mensual de 4 millones de ladrillos. Toda la producción se comercializa, pero el sector necesita ser valorizado para poder salir de la precariedad histórica con la que producen.
El trabajo directo que generan sufre de la falta de mano de obra. “Porque es un oficio duro de realizar y aún sigue siendo informal para el operario”, refiere Oscar González, presidente del Consorcio de ladrilleros de esta ciudad.
En el año 2013, más precisamente en octubre, se creó el registro que hoy tiene asentados 1.412 ladrilleros en toda la provincia con su correspondiente monotributo. “Necesitamos que esa formalidad que tenemos nosotros, los cabeza de las ladrillerías, la tengan también los muchachos que están cortando y moldeando el adobe”, manifiesta González. Así hizo referencia a un pedido que han realizado personalmente a Jorge Capitanich, gobernador del Chaco.

Despreciado oficio
En la ciudad de Sáenz Peña son entre ciento cincuenta y doscientas las ladrillerías que superaran los mil trabajadores informales. Estas “fábricas artesanales”, necesitan más operarios, pero “las personas que vienen a pedir trabajo generalmente lo hacen porque no encontraron otra opción en el mercado laboral y recurren a la changa del ladrillo, cuando la fabricación de ladrillos no debería ser una changa. El ladrillo es la base de la construcción pero es un trabajo pesado, a cielo abierto, con heladas o calor quemante impactando directamente sobre nuestros cuerpos. Estas son las condiciones para trabajar, no hemos podido conseguir aún que se considere al operario del sector, a pesar de todas las luchas que tuvimos y tenemos”, reseña Oscar González.
El presidente del consorcio de ladrilleros de Sáenz Peña, en este contexto, menciona como antecedente la sanción de la ley 7.290 “de creación del régimen de consorcios ladrilleros, que facilitaba blanquear, formalizar al obrero”. La normativa ha sido sancionada hace ocho años. Sin embargo “aún no se logró hacerla efectiva” y la precariedad sigue estando vigente.
Fábrica de trabajadores
Cada ladrillería genera un promedio de entre seis y diez puestos de trabajo directos. A estos deben añadirse las labores indirectas como la de “los cortadores de leña, el acarreador de liga desde las carpinterías de Machagai y Quitilipi, el transporte de tierra y el servicio de traslado de agua”. En este sentido, Oscar González menciona como ejemplo que “un camión que busca la viruta o aserrín de las lijadoras de las carpinterías ocupa cuatro operarios y todo eso es mano de obra que gira en torno a la fabricación del ladrillo”.

“Todo es trabajo, es un movimiento muy importante de personas trabajando porque todo es muy artesanal y requiere de mucha mano de obra”, dice el ladrillero. Un chamamé, El Ladrillero de Polito Castillo, lo describe en su letra: “siempre sueña un Argentino su ranchito propio hacer y aunque la tierra sea nuestra no podemos disponer, vaya a saber mi ladrillo que destino te han de dar (…) carretilla de esperanza tu barro esperando está. Vamos, vamos ladrilleros que esta noche hay que quemar y, como el humo del horno, tu pena también se irá”.
Desde el pisadero hasta la obra
SAENZ PEÑA (Agencia) – En las ladrillerías, los pisaderos son los espacios donde se acumula la tierra y se la va convirtiendo en barro. Ese acopio de materia prima requiere de camiones de tierra, un litro de agua por cada adobe y el ligue, para convertirse en un lodo moldeable tras el trabajo de pisado que se hace con el accionar de un tractor. “En épocas pasadas en el pisadero se utilizaban caballos para la formación de la masa, pero actualmente la tracción de sangre ya no se utiliza”, acota Oscar González.
Los pisaderos varían de tamaño de acuerdo a la capacidad de producción de cada ladrillero. Por cada camionada de tierra se obtienen entre 2.200 y 2.500 adobes. “La mayoría de las ladrillerías hacen el amasado de diez camiones de tierra y sólo algunas excepciones trabajan mayor dimensión”, indica González.
Miles de adobes
La media de producción sería de diez camionadas de tierra, veinte mil litros de agua y el ligue, para quemar un horno de entre veinte y veintidós mil ladrillos. “Hacer un pisadero para veinte mil adobes te insume un día y medio de trabajo de amasado. Uno más grande lleva el mismo tiempo preparación de la masa, es por eso que, los que tienen capacidad, hacen un amasijo para la producción de 35 mil ladrillos”, detalla el presidente del Consorcio de ladrilleros de Presidencia Roque Sáenz Peña.
Una vez terminado el amasado, se procede al corte y, luego de oreados los adobes, al armado del horno donde se cocinará el barro. Después del fuego encendido durante unas 48 horas, la espera hasta que estén en condiciones de ser comercializados. Hasta ese momento, ya habrán pasado al menos 20 días desde el inicio de las labores en el pisadero.
Destino: Rosario y Buenos Aires
La producción de ladrillos de esta ciudad tiene hoy como principal mercado las provincias de Santa Fe y Buenos Aires, siendo la ciudad de Rosario el destino de la mayor parte de las ventas. El mercado santafesino hasta hace un tiempo era abastecido por ladrilleros de Córdoba, pero hoy los compradores están optando por el adobe chaqueño. Ladrillos que en la zona de Rosario se comercializan a precios que rondan los veinte y treinta mil pesos por cada mil piezas. Mucho más del doble del valor que se paga en Sáenz Peña por los mil puestos en obra.
El transporte se realiza por camiones, en pallets y con protección de envoltorio plástico, “lo que demora las ventas porque cada vehículo no puede cargar más de 15 mil ladrillos”. La intención de los ladrilleros locales es tramitar la posibilidad de obtención de dos o tres vagones del Belgrano Cargas para lograr transportar hacia Rosario mayor volumen.
