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Una imagen que recorrió el mundo en las últimas horas condensa la gravedad de la crisis migratoria que se vive en Ceuta desde este lunes: está protagonizada por un buzo de la Guardia Civil que sostiene a un bebé al que salvó de morir ahogado.La escena forma parte de una situación dramática en la que miles de personas intentan ingresar al enclave español de Ceuta desde Marruecos, en medio de una disputa diplomática.

La flexibilización de la vigilancia fronteriza de Marruecos se produjo después de que España decidiera otorgar la entrada para tratamiento médico al jefe del Frente Polisario, un grupo que lucha contra Marruecos por la independencia del Sahara Occidental.

“El bebé estaba helado, frío, no gesticulaba mucho”

afirmó Juan Francisco, el buzo rescatista que ayudó al pequeño, de apenas dos meses. Según informó el rescatista, miembro del Grupo Especial de Actividades Subacuáticas de Ceuta, el niño ya se encuentra fuera de peligro y en buen estado de salud.

La tarea de los buzos, contó Juan Francisco es la de identificar a las personas más vulnerables, las que no iban a poder llegar a nado por sus propios medios. En el caso de este bebé, el hombre vio cómo la madre se había arrojado al agua con el niño atado a su falda y allí fue cuando se dirigieron a su rescate.

Miles de inmigrantes nadan desde Marruecos a Ceuta

La principal funcionaria de migración de la Unión Europea (UE), Ylva Johansson, describió los incidentes como “preocupantes” y pidió a Marruecos que, en primer lugar, impida que la gente parta.

Miles de migrantes provenientes de Marruecos se lanzaron al agua y nadaron hasta el enclave español de Ceuta, en el norte de África. Se trata de la mayor afluencia de inmigración ilegal, informó el Gobierno español.Unos 8.000 migrantes de Marruecos nadaron hasta el enclave español de Ceuta, en el norte de África.

Ceuta es un enclave de unos 84.000 españoles en la costa norte de Marruecos y, lo que es crucial para los migrantes que intentan ingresar, se encuentra en suelo de la Unión Europea.

La frontera terrestre de varios kilómetros entre Ceuta y Marruecos tiene una valla alta. Es un punto de inflamación para la migración de africanos subsaharianos que intentan entrar en España y la Unión Europea en grupos.

¿Cuál ha sido el desencadenante?

El motivo aparente ha sido la acogida del líder del Frente Polisario y presidente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD), Brahim Gali, de 73 años. España aceptó la entrada de Gali, aquejado de covid-19, para que ingresase en un hospital de Logroño, un gesto que disgustó a Marruecos.

Este acto generó el enfado de las autoridades de Marruecos con el Gobierno de España por acoger en abril al secretario general del Frente Polisario, Brahim Ghali. El Ministerio de Exteriores explicó en su momento que se trata de una acogida “por razones humanitarias”.

Sin embargo, en Marruecos el Frente Polisario es considerado un enemigo. De hecho, el 13 de noviembre, el Polisario dio por roto el alto el fuego y declaró el “estado de guerra”tras la entrada del ejército marroquí en el paso de Guerguerat, en la frontera con Mauritania.

Por eso, la solidaridad de España se consideró una ofensa que desencadenó la llamada urgente a consultas del embajador español en Rabat, Ricardo Díez-Hochleitner Rodríguez​, pidiendo explicaciones sobre la acogida de Ghali y solicitando que se le juzgase por “crímenes de lesa humanidad”.

Tras no recibir respuestas a los pocos días llegaba un nuevo aviso de Marruecos: “Tomamos nota de esta actitud desleal”. Además, advertía que habría “consecuencias”. En efecto, en abril Marruecos relajó el control migratorio y entonces cruzaron alrededor de un centenar de personas desde Castillejos a Ceuta. En esa ocasión los Gobiernos de España y Marruecos reactivaron el convenio de 1992 y devolvieron a los migrantes adultos.

La intromisión de Donald Trump, lo complicó todo 

Actualmente, las tiranteces entre España y Marruecos se arrastran desde el 10 de diciembre. Después de meses organizando la Reunión de Alto Nivel (RAN) que terminaría con una audiencia real de Mohamed VI al presidente Pedro Sánchez, Rabat, ciudad capital de Marruevos,  la canceló alegando motivos sanitarios por la pandemia.

Esa misma tarde y sin haber avisado a España, el entonces presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció en su cuenta de Twitter un decreto presidencial que reconocía la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental. Con ese apoyo de la primera potencia mundial, Rabat esperaba recibir el sostén de otros países, como España.

En todo caso, las entradas se han producido por la frontera sur de Europa y afectan también al resto de países europeos. Hay que tener en cuenta que Marruecos tiene congeladas sus relaciones diplomáticas con Alemania desde marzo, en referencia, entre otros motivos, a su posición también sobre el Sáhara Occidental.

De momento, en Rabat se guarda silencio institucional desde que empezaron a entrar sus ciudadanos a España el lunes de madrugada. E incluso los medios de comunicación oficialistas no están informando sobre la situación en el norte del país y en la vecina Ceuta.