Hubo elecciones y se renovó la Comisión Directiva del Colegio de Abogados de la ciudad de Pres. Roque Sáenz Peña.
Al igual que los demás candidatos, arribaron -los ganadores- con la consigna de luchar, de manera exclusiva y excluyente, por los intereses de los abogados.
Se asumía una posición de neto corte gremial, sustraídos de cualquier simpatía partidaria.
¿Podrá convertirse en realidad esa promesa de campaña?
¿Podrán despojarse de las influencias que ejerce y ejercerá el espacio que los apoyó?
Por lo pronto, el panorama que nos ofrece “el nuevo colegio”, no es el más halagüeño.
Hago un repaso objetivo de los hechos.
En principio, hay actores que cobraron más protagonismo que el propio presidente de la institución. Ya que, cuando intervienen en el grupo de whatsapp, que sobreviviera a las amenazas de innumerables y necesarios cambios, hay una estelaridad que los distingue.
Y, se hacen más trascendentes por las lisonjas que emanan de un incipiente grupo de aplaudidores que ya se vislumbran, por ahora, en dicho escenario electrónico.
Uno podría decir, ¿más de lo mismo?
Démosle tiempo, sino sería aceptar, sin más, que están repitiendo lo que antes criticaban (y quien escribe también criticó).
¿Será que la movida es gestionar sin aparecer? ¿Ordenar sin exponerse?
Lo cierto es que hay opiniones a las que será muy difícil que la presidencia pueda obviarlas o, peor, contradecirlas.
Dos hechos sirven como ejemplo:
Se designó Jueza Suplente para cubrir el Juzgado de Familia Nº 2 y hubo cinco candidatas que solicitaron el apoyo de la entidad asociativa.
Se resolvió otorgar mandato múltiple al Consejero -que significa votar a cualquiera de las aspirantes-, para, mientras tanto, resolver cual sería el procedimiento para similares situaciones en el futuro.
¿Qué hizo el Colegio al final de cuentas? Sacarse el problema de encima y derivarlo al Consejero de manera que quien fuera la que resultara electa, sea la candidata que “apoyaba” la entidad asociativa.
Los mismos que cuestionaban que no se llamara a elecciones para darles legitimidad al o los postulantes y acercaban notas por fuera de la institucionalidad al Superior Tribunal de Justicia o Consejo de la Magistratura, hoy repiten la receta.
O sea que las cosas están bien o mal según convenga.
El estilo Poncio Pilatos jamás fue utilizado como buen ejemplo. Y, ciertamente, no lo es.
Es imperioso que se convoque a elecciones o se haga una reunión ampliada, con todos los asociados, para que puedan participar y ser escuchadas las minorías y que de allí salga el o la mejor candidata/o. De lo contrario, nada ha cambiado y todo cuanto se dijo se reduce a incumplidas promesas de campaña.
Máxime si la elegida, casualmente, pertenece y trabajó para el espacio político de quienes hoy tienen el manejo de la institución.
No es un demérito. Es un dato.
La aprobación por la legislatura chaqueña del juicio por jurados para causas civiles y comerciales (Proyecto de Ley 1463/20 perteneciente al Ejecutivo) dejó en evidencia la falta de osadía de la nueva presidencia.
Muchos alzaron la voz pidiendo se saliera a desmentir al escribano-diputado que en la sesión y fuera de cualquier compostura gritara a los cuatro vientos –revoleo de lapicera por medio- que los Colegios de Abogados apoyaban dicho proyecto. Siendo que un diputado de la oposición había llevado una nota –y la exhibió- que contiene la firma, precisamente, de todos los presidentes de los Colegios mencionados.
Sin embargo, el escribano-diputado acostumbrado a ser más papista que el papa, hizo un acting lamentable e impropio de su investidura que esperemos responda al fragor de la disputa, porque verlo en esas condiciones, en verdad, provoca mucha preocupación.
Quien trataba de calmarlo no es otro que quien fuera presidente del legislativo, sin siquiera tener un título de grado. Me podrán decir que está dentro de las previsiones constitucionales. Puedo contestar que sí, pero que les falta solvencia académica y estoy en todo mi derecho.
Ha participado en designaciones y destituciones de jueces, sin ser abogado. Nadie dispone en un quirófano que pasos deben seguirse sin conocer, profundamente, la materia.
Así es la política.
Pero vuelvo a la solicitud de rechazo y desmentida a la actuación del escribano-diputado.
No tuvo tiempo de emitir un pensamiento propio la nueva presidencia. Ya le habían marcado la cancha, alegando que se trataba de chicanas políticas en las que el Colegio y, por ende, los abogados no debemos inmiscuirnos.
No ha lugar señores.
La condición de abogados u hombres de derecho, trasciende cualquier posición partidaria o exitista. El Colegio de Abogados si tiene la convicción de que ese proyecto –hoy casi Ley- merece una discusión mucho más profunda y amplia, debe decirlo.
Máxime cuando la iniciativa no proviene ni del mundo abogadil ni del poder judicial ni de cualquiera institución jurídica prestigiosa.
Es peligrosa la actitud asumida frente a las expectativas generadas. No sería bueno tratar de imponer un pensamiento único romantizando una lucha que no es tal.
Sería una horrible noticia que la repetición de episodios como los narrados, confluyan en una diáspora que mengüe o lastime la institución.
Pero sí. Es una cuestión empírica que somos, absolutamente, capaces de tropezar con la misma piedra.
*Abogado
